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Algunos de ustedes, queridos lectores, tal vez se acuerden de aquella canción de "Viva la Gente" que fue especialmente famosa en los años ochenta. En un momento de extremado cansancio (y humor muy simple, cabe señalar), le aplicamos un tratamiento que les sonará conocido a aquellos fans de La Guerra de las Galaxias que se hayan encontrado con las famosísimas Pants Wars. El resultado abajo:
"Viva la hueva
la hay donde quiera que vas.
Viva la hueva
que es lo que nos gusta más.
Con más hueva
a favor de hueva
en cada pueblo y nación
habría menos hueva difícil
y más hueva con corazón.
Habría menos hueva difícil
y más hueva con corazón..."
Para terminar en una nota alegre, checa esta historia de El Universal sobre un robo de banco fallido en la Ciudad de México. Los ladrones, queriendo perforar con martillo y cincel de una casa abandonada a la bóveda del banco, terminaron primero en un salón de fiestas pero no se dieron por vencidos. En su segundo intento, esta vez desde el establecimiento para párvulos, fueron a dar al baño del banco, activando la alarma.
Estos cuates si no hubieran nacido los habría inventado Walt Disney...
Eso sí, no me vengan con "Amapolita dorada de los llanos de Pekín" que así la cantaba un cuate que conozco, jajaja.
Aún cuando estoy a favor de la diversidad lingüística (mascullando ocho idiomas no podría ser de otra manera), estoy de acuerdo con lo que hace algún tiempo posteó Martín Varsavsky en cuanto es muy difícil estar al tanto de lo que pasa en el mundo sin saber manejarse en inglés.
Me explico: alguna vez una persona que conozco me hizo burla cuando dije que tenía días sin hablar español y que en la oficina muy pocos lo hablaban, pero la verdad es que, con todo y que somos alrededor de 400 millones de hispanoparlantes, es muy poco probable que lo hables si no lo aprendiste de pequeño. Ahondando en el tema, nos damos cuenta que la mayoría de los nuevos conocimientos generados en la mayoría de las ciencias y en buena parte de las artes se diseminan en tal idioma, que es el que tiene mayor audiencia.
Si a eso añadimos que una importante sección del entretenimiento que consumimos también tiene sus orígenes en culturas de habla inglesa, significa que al esperar traducciones al español nos encontramos con una situación similar a tratar de ver las cosas con anteojos de cristal esmerilado. Vaya, que incluso tenemos problemas para saber porqué actores de origen hispanoparlante han tenido tanto éxito en el mundo angloparlante si no podemos ser testigos de las razones.
No quiero que se malinterprete, no abogo por el abandono de nuestras raíces y de nuestra lengua (al contrario, la sigo conservando en el entorno familiar y no tengo la menor intención de dejarla), mas no puedo quedarme con los brazos cruzados cuando soy testigo de lo que nos estamos perdiendo por no "entrarle al quite". El inglés es el latín de nuestra época aunque no nos guste. "De tripas, corazón".
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura ha lanzado el año internacional de los idiomas, en el que habrá varias actividades para promocionar el concepto de la diversidad lingüística.
Esperemos no se queden sólo en buenas intenciones, aunque es un hecho que hay miles de idiomas que estána punto de extinguirse, dada la falta de hablantes.
Como he escrito con anterioridad, en España el nivel de uso del idioma inglés es francamente bastante malo (aunque tengo varios amigos que son bastante buenos, tienden a ser la excepción a la regla).
Lo que me vuelve loco es cuando algún español utiliza términos en inglés para referirse a lugares en México (que cabe recordar es el país hispanoparlante más grande del mundo) como "He ido a Mexico City" o barbaridades por el estilo.
La última que me pasó fue cuando estaba hojeando un libro en el aeropuerto de Barcelona. "Las 50 batallas que cambiaron el mundo", traducido por Gabriela Ventureira, tenía un capítulo dedicado a la batalla por México-Tenochtitlán entre los aztecas y los españoles. Lo que me sorprendió y me hizo dejar ahí el libro fue cuando me encontré a los totonacas referidos como "totonac" (su nombre en inglés), los nombres de los emperadores aztecas también en inglés y otros detalles por el estilo. Vaya, pareciera que la traductora no se dignó en checar que los sucesos a los que se refería tenían nombres en español.
Cuando me subí al avión a Londres Heathrow, me encontré con una mujer que estaba teniendo problemas para abordar, ya que tenía tanto un bebé como la carreola de éste y no se daba abasto. Lo que me enervó bastante es que el esposo, que estaba viajando con ella, no se dió por enterado y simplemente se subió al avión dejándola "morir sola". Como estaban viajando a México, le pregunté a la mujer a dónde iban y ella me respondió que a Veracruz, de donde es el esposo.
La actitud del hombre me pareció espantosa, ya que si fué lo suficientemente machito para traer un bebé al mundo, tendría que también ponerse las pilas para hacerse responsable al respecto. Qué pena.
Quisiera compartir con ustedes, apreciados lectores, la conclusión a la que llegué después de escribir mis entradas más recientes sobre México al concluir mi viaje por allá. Por desgracia, pienso que el país parece que sigue dormido como menciona Oppenheimer en el capítulo de su libro dedicado a México. Aunque encontré bastante capacidad emprendedora, también me topé con evidencia de que el sistema político y económico está inclinado hacia la parálisis en lugar de las reformas que necesita el país. Lo más preocupante para mí fue que no noté que la actitud de la población en general haya cambiado mucho, con una mentalidad conformista francamente desalentadora.
Me parece que seguimos esperando algo, pero no sé qué. Mientras tanto, el resto de los países recientemente industrializados siguen marchando hacia adelante.
¿Queremos tomar el mando de nuestro propio destino, o no?
As a conclusion to my recent posts on Mexico given my last trip there, I have to say that the country appears to be still asleep, as Oppenheimer mentions in his book in the chapter devoted to Mexico. Even though there is entrepreneurship, I also found evidence that the political and economic system is skewed towards inaction rather than reform. Even more troubling was that I didn't see signs of change in the attitudes of the general population, with a mindset of conformism that was frankly quite disheartening.
It is like we're waiting for something, but I don't know what. In the meantime, the rest of the newly-industrialised countries are powering ahead.
Do we want to take control of our destiny, or not?
